Nuestro equipo de luces está creciendo. Nuestra experiencia no hace sino aumentar. Maldita sea, esto va a explotar.

Imaginación

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La iluminación, de forma similar al sonido, es casi una disciplina artística en sí misma.

Nadie lo sabe.

Existe la creencia generalizada de que para iluminar basta con apuntar el foco en la dirección correcta. Pero se trata de mucho más. Se trata de intuir. Se trata de imaginar. De comprender el espectáculo al que uno asiste y hacer que la escena se funda con el entorno.

Conocimiento

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No solo de ingenio vive el iluminador. Requiere de nociones precisas sobre el manejo de los controles y su efecto visual sobre el momento. El conocimiento es poder. Iluminar con conocimiento permite que lo que acontece en el escenario, su color y su intensidad, coincidan y, quién sabe, tal vez trasciendan.

Adaptabilidad

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Nos da igual el tamaño del evento a iluminar. Lo mismo podemos decir de su formato. Sabemos adaptarnos a lo que exige cada ocasión.

Luz para Irizar

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Uno de esos eventos -denso y complejo- que nos enorgullecen.